El ejercicio del poder en las organizaciones y el rol de la cultura

Miércoles, 7 Marzo, 2012
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     Daniel Scandizzo -  Director general - ICDA

El ejercicio del poder en las organizaciones y el rol de la cultura

La empresa es el resultado de la acumulación de recursos materiales y humanos los que, a su vez, la van dotando de un modelo organizacional determinado. Asimismo, otros factores de diversa concepción, inherentes o adyacentes a la organización, también contribuyen a dar forma a su arquitectura interna.

Los recursos iniciales responden a los intereses, deseos, posibilidades y objetivos de los propietarios del capital, pertenezcan éstos al sector privado o representen al Estado. La combinación de recursos materiales y humanos evidenciará una íntima relación con las intenciones del capitalista, al menos en la etapa de gestación del modelo organizacional. Dicha dependencia podrá profundizarse o desdibujarse a medida que la vida de la empresa comience a transitar y se aleje de su punto de partida. La estructura, consecuentemente, estará expuesta a cambios y alteraciones como derivación de las transformaciones del entorno, de los nuevos alineamientos y tendencias del sector económico en que se desarrolla y de las limitaciones para acceder a dosis adicionales de recursos.

Por su parte, los factores inherentes a la empresa que tercian en el proceso de conformación de su estructura van dando forma, de manera paulatina, a la cultura organizacional, que irá emergiendo a partir de la visión y pretensión del capitalista, de los rasgos de los actores involucrados, del perfil de conducción y traza directiva predominante, del impacto de la tecnología incorporada, de los métodos de producción adoptados y de las normas de comportamiento y relacionamiento horizontal y vertical. Así, la cultura que se vaya erigiendo se manifestará con signos de fortaleza o debilidad según la ponderación de cada uno los elementos constituyentes y la adhesión a los valores de la empresa.

Los factores adyacentes, a su vez, impactan de una manera cada vez más nítida en la estructura de la empresa. El crecimiento exponencial de las interacciones de variables de un entorno global y los efectos impredecibles de fenómenos políticos, sociales y económicos va forjando, en definitiva, el modelo “político” de la organización. Y es en este punto donde los directivos deben asumir, más allá de sus preferencias, que la política, y por ende el poder, se transforma en el medio para alcanzar sus objetivos. Los directivos deberán aprender a adquirir, consolidar y utilizar el poder para lograr sus propósitos.

El vínculo entre el ejercicio del poder con la cultura de la organización constituye una premisa tratada con frecuencia por la literatura. Enfatizando este concepto, tanto el estilo de liderazgo como los procesos de búsqueda del poder y el ejercicio de este último están estrechamente determinados por la cultura propia de la empresa y, de manera extensiva, por el entorno cultural correspondiente a su localización.

El poder, entendido como estrategia más que como propiedad, representa el ejercicio de influencia en el marco de un grupo humano y, en un contexto determinado, la posibilidad de manipulación de la misión de una organización por parte de individuos o sectores con disímiles pretensiones. El poder es capacidad de transformar el estado de las cosas. El término poder es monosilábico, no demanda una explicación teñida de rigor científico para explicarlo. Siguiendo a Foucault, el poder es ejercicio y acción, antes bien que posesión.

Si se considera el ejercicio del poder como una dimensión de la cultura de una organización, en presencia de una cultura débil, individuos o grupos pueden acceder al poder desde distintas posiciones y manipular la misión y los objetivos organizacionales.

Es posible asociar un contexto de cultura organizacional débil con la presencia de un sistema de autoridad impreciso y superado por otros sistemas de influencia como el de habilidades o de política. En ese caso, los valores centrales de la organización no son aceptados ni compartidos por todos sus miembros por falta de claridad y de firmeza, lo que favorece el fortalecimiento de grupos informales que inician procesos legítimos o ilegítimos de acceso al poder. De esta manera, el modelo “político” prevalece sobre el sistema jerárquico formal y define el rumbo y fines de la empresa.

La gestión de la empresa está imbuida de una alta dosis de complejidad en la cual el factor cultural y el ejercicio del poder juegan un rol central. En un marco como el descripto no resultaría absurdo razonar que el modelo “político” puede desplazar al sistema legítimo de autoridad de una empresa y que la presión de determinados grupos internos puede generar conflictos de una envergadura tal que modifiquen los intereses de la empresa. También podría afirmarse que el hecho de controlar el sistema de autoridad no asegura el sostenimiento del poder en la organización. Sin embargo, no todas las miradas sobre el poder en la organización provienen de un ángulo negativo: la aspiración de poder puede convertirse en un motivador eficaz para liderar procesos de transformación.

Autor: Daniel Scandizzo  /Cargo: Director General ICDA, Universidad Católica de Córdoba/ e-mail: scandizzo@icda.uccor.edu.ar