Las empresas "híbridas": rentabilidad

Domingo, 18 Marzo, 2012
La Voz del Interior- Suplemento Negocios

Cr. Daniel Scandizzo, MBA,  director general del ICDA

Las empresas "híbridas": rentabilidad

Un modelo de financiamiento de educación universitaria para jóvenes de bajos recursos de Estados Unidos a cambio del reintegro de un porcentaje de sus ingresos futuros luego de su graduación; un hospital en una camioneta que lleva servicios de salud a las comunidades de más bajos ingresos de Brasil; un sistema de construcción de hogares con materiales y métodos ecoeficientes en México; servicios de electricidad a un costo no mayor a dos dólares mensuales mediante pequeñas centrales eléctricas que funcionan con la quema de cáscaras de arroz en la India.

Una primera lectura de estas actividades nos llevaría a vincularlas con alguna acción derivada de políticas de desarrollo social propiciadas desde el Estado. Afortunadamente, la realidad se encarga de mostrarnos otra perspectiva: los emprendimientos mencionados conforman empresas privadas que procuran lograr su objetivo embrionario: alcanzar utilidades y rentabilidad. ¿Qué las hace diferentes? Pues bien, además de su natural fin de lucro, incorporan un claro y explícito objeto social en su misión original.

Las empresas híbridas combinan dos organizaciones: una social y otra con fines de lucro. Entre ellas se cuenta a las cada vez más populares B Corporations, certificadas por la entidad B Lab, comprometidas abiertamente con las prácticas responsables y sustentables, y con metas sociales además de objetivos de negocios.

Toda una industria se motoriza alrededor de este sector: según un informe de JPMorgan, las inversiones “de impacto” –así denominadas porque persiguen retornos sociales, ambientales y financieros– dirigidas a resolver los problemas de vivienda, acceso al agua, salud, educación y servicios financieros de la población que gana menos de tres mil dólares al año, representarán durante esta década una oportunidad de inversión de entre 400 mil millones y un billón de dólares.

Los ejemplos continúan y abarcan desde la industria textil hasta la editorial y la alimenticia. Emprendedores sociales con sed de innovación y en busca de oportunidades inexploradas de negocios, unen su visión empresaria a un palmario objeto social sin descuidar la confianza que en ellos depositan los inversores. Blake Mycoskie creó una empresa de venta de calzados para subsidiar la provisión gratuita de zapatillas inspirado en las tradicionales “alpargatas” argentinas.

Better World Books vende libros usados, donados y de descarte provistos por universidades y librerías de Estados Unidos y destina el 30 por ciento de su facturación a programas de alfabetización en distintos lugares del mundo.

Si se concibe a la empresa como un motor de renovación social, el modelo de las organizaciones híbridas deja traslucir la posibilidad de encarnar, de manera paralela y simultánea al inobjetable fin de rentabilidad ligado a toda disposición de capital, el marco movilizador de intereses comunes, solidaridad y corresponsabilidad con la sociedad.

Aún poco conocidas en la Argentina, su tendencia como alternativa de inversión crece en el mundo. Los emprendedores sociales ya no son vistos como agitadores o quiméricos soñadores; todo lo contrario, comienzan a ser seguidos por su agudeza y sentido de la oportunidad para detectar espacios de negocios sustentables y transformadores.