Facebook, ¿invertir o arrojar una moneda en la fuente de los deseos?

Miércoles, 13 Junio, 2012
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Facebook, ¿invertir o arrojar una moneda en la fuente de los deseos?

El profesor de Finanzas del ICDA, Hugo L. Giménez, analiza el desempeño bursátil de la compañía.

Si tomamos como referencia a la moderna teoría financiera, un inversionista valuará una acción en función del flujo de fondos esperado, descontado a una tasa relacionada con el nivel de riesgo que representa dicho negocio. Parece sencillo y lógico, pero al determinar los flujos de fondos esperados y evaluar el riesgo, es posible que nos encontremos en un andarivel muy ancho, esencialmente, porque intentamos cuantificar expectativas. Es aquí donde la información pasa a ser un bien precioso; en el pasado no hay incertidumbre porque ya tenemos la información de lo sucedido, y si del futuro se trata, la incertidumbre está en relación inversamente proporcional a la información disponible, mientras más sabemos del escenario futuro, menor es el riesgo de que pase algo impredecible

En los años 90, Amazon, la principal librería de Internet, inició sus actividades y a poco de ello sus acciones se estaban negociando a casi 40 veces los ingresos anuales esperados para 1999, cuando las proyecciones indicaban que la compañía no tendría ganancias hasta después del año 2000. Hoy, el precio es 1,87 veces sus ventas, pero la compañía está teniendo ganancias, y su riesgo estimado es menor que el promedio de mercado, indicadores de un negocio consolidado.

El valor de mercado de Amazon ascendía por entonces a U$S 6.000 millones, monto que igualaba el valor conjunto de las dos librerías líderes de Estados Unidos (Barnes & Noble y Borders Group), cuyas ventas superaban en veinte veces las de Amazon. Hoy, el valor de la compañía es de U$S 90.200 millones Y éste no es un ejemplo aislado; en general, el precio de mercado de las compañías “tecnológicas” (Yahoo, Excite, Netscape, American-on line) resultó exagerado respecto de su valor contable al momento de ingresar en el mercado.

Y parece que la historia se repite, Facebook produce la mayor salida a Bolsa en la historia de Wall Street y sus acciones se disparan muy por encima del valor inicial de salida cayendo estrepitosamente a los pocos días en medio de un escándalo y juicios por manipulación de información. Sin embargo, el negocio real no cambió, sigue siendo lo que era y nadie puede negar que está construido sobre una idea extremadamente potente en términos de generar nuevos negocios.

Aunque claro, la tecnología cambia y la utilización de Facebook en celulares pone en un nuevo camino al negocio de la publicidad, pero solo vemos la punta del iceberg, muy poco se ha explorado de él y ya hay que reflejar su flujo de fondos en el valor de la compañía. Es entonces normal que existan sobresaltos en los primeros momentos y la razón radica en la casi instantánea reacción a la información sobre el crecimiento explosivo que el mercado descuenta e, inmediatamente, a la sobrevaloración de las noticias pesimistas y así en un ciclotímico comportamiento basado en la incertidumbre.

Las enseñanzas de la IPO

Surge entonces la primera reflexión ineludible: Si los flujos de fondos futuros son tan explosivamente alentadores deberían corresponderse con una tasa de rendimiento requerido también alta en función del riesgo subyacente.

Pongámoslo de otra forma, si el riesgo es la percepción de la variabilidad de los flujos de fondos futuros, deberían estar empleando una tasa muy alta, ya que los negocios en internet pueden catapultarse muy alto o enterrarse bajo muchos metros con la misma probabilidad y en muy poco tiempo. Si esto fuera así, ¿cuál es la visión del futuro en términos financieros para los negocios de la web?, solo cabría pensar en la previsión de cataratas de dinero, y ¿esto es posible? ¿Estamos en presencia de un negocio tan espectacular? ¿Las empresas “tecnológicas” están “creando” semejante valor?

Tal vez la visión debería ser otra, estamos ante un negocio de muy poco tiempo y con un porvenir que nadie puede asegurar, todos sabemos que el mundo del futuro se está construyendo sobre las comunicaciones y las acciones soportadas por la plataforma de Internet (o alguna forma de la misma idea en el futuro). Lo que parece no tener límites es la imaginación respecto de cual será su rol en la sociedad de esta centuria.

El desarrollo del negocio en Internet está siendo explosivo, todos saben que deben estar pero aún no saben qué significará en términos de rendimiento ni como se modificará su negocio. Ante esta situación lo importante es “tomar la opción” de poder desarrollar un negocio cuando éste aparezca, y para esto hay que pagar.

Muchos inversores ya están haciendo negocios, pero la mayoría pagan simplemente por estar, para cuando el negocio se clarifique y todos quieran entrar, los pioneros ya tendrán un lugar asegurado. Y esto, en el muy corto plazo, sobrevalua la intuición por sobre el análisis racional. Parece ser que, además de pulverizar las barreras geográficas y poner en jaque la capacidad logística entre otras cosas, Internet ha podido también sacar de contexto un paradigma financiero, “a mayor riesgo mayor rendimiento requerido”

Concluyendo, la velocidad de los cambios ha hecho que los horizontes temporales sean cada vez más cortos agregando volatilidad a los flujos de fondos proyectados. Para contrarrestar tomamos opciones que, en muchos casos, confunden el papel de los inversores de largo plazo con los especuladores de corto. La visión del futuro es en definitiva la esencia de la riqueza, y esto puede resumirse en una anécdota que dicen cierta:

Estaba Mark Twain en su oficina cuando una persona entró y, diciendo ser inventor, planteó su negocio que decía revolucionaría las comunicaciones y solicitaba el apoyo financiero para desarrollarlo. Mark Twain le explicó que por ser un escritor creía que la escritura seguiría siendo por siempre la esencia de las comunicaciones. El inventor se retiraba ante la negativa pero antes M. Twain le solicitó que de todas formas le dejara por lo menos su nombre. El inventor respondió: “Bell, Graham Bell”.

Muchas cosas se han visto en el siglo pasado y parecen pocas respecto de las que éste tiempo no presenta, y al final de cuentas ¿quién pasa por una fuente de los deseo sin arrojar una moneda?