Una nueva receta: Invertir en fracasos

Artículo de Daniel Scandizzo - MBA, Docente e investigador del ICDA, publicado en la web del Colegio Profesional de Ciencias Económicas de Córdoba.

"Una empresa debería permitirse asignar un presupuesto de unos 300 mil dólares al año para experimentar con una idea, y luego decir: ¿Saben qué? El prototipo ha fracasado, pero esto es lo que hemos aprendido y vamos a integrarlo en el próximo prototipo".

El pensamiento no pertenece a algún típico funcionario público con poco apego al cuidado de las cuentas fiscales, ni tampoco a un emprendedor veinteañero en busca de ser el próximo Mark Zuckerberg. Lo dice Alex Osterwalder, especialista en estrategias, quien ideó un instrumento para desarrollar diferentes modelos de negocios o documentar los ya existentes y se ha transformado en un punto referencial a la hora del diseño estratégico organizacional.

Su reflexión conduce a la polémica o, al menos, a un debate no exento de contrapuntos: ¿Un experto en estrategia aconsejando "perder" dinero en proyectos destinados a fracasar? Ciertamente, la filosofía empresarial predominante en Argentina no está muy habituada a este tipo de "recomendaciones", de la misma forma que la innovación como concepto aún se vincula más con la declamación del momento que con una política implementada desde el convencimiento.

No haber diseñado a tiempo nuevos modelos de negocios fue, según Osterwalder, lo que arruinó a muchas firmas en la industria de la música, en la del cine y en la editorial, cuando cambió el paradigma en esos rubros. Y fue también lo que causó el derrumbe de Kodak en el mercado de la fotografía.

Veamos un poco más: "Kodak se movió con mucha rapidez, en su momento, con la invención de las cámaras digitales, pero nunca desarrolló un nuevo modelo de negocios que le permitiera obtener, en la era digital, los márgenes que lograba con las películas de celuloide. No acompañar la innovación tecnológica con una innovación en el modelo de negocios fue lo que llevó a Kodak a la quiebra" argumenta Osterwalder.

Corolario: Si una empresa global como Kodak no acertó en su visión futura, imaginemos el amplísimo margen de vulnerabilidad al que está expuesta, por ejemplo, una Pyme.

Volvamos a la cuestión de inicio, la construcción de una marca, el posicionamiento de un producto, la obtención de la rentabilidad esperada, el logro del objetivo y el resultado propuesto, siempre serán motivo de regocijo y realización para los impulsores de las decisiones que fueron coronadas con éxito.

Sin embargo, el afianzamiento, la superación de amenazas y el acrecentamiento del valor vienen de la mano de esa "visión anticipada" de la que habla Osterwalder, del riesgo prematuro, de la innovación de modelos, del impulso que genera diferencia más que la búsqueda de distancia del competidor por el mismo camino.

Drew Houston era un estudiante del MIT y quería aprovechar su viaje de Boston a Nueva York para finalizar un trabajo pendiente para sus clases; tenía su laptop pero había olvidado su pen drive donde guardaba los datos que precisaba. ¿Les suena esta historia? El joven Drew no pudo finalizar su tarea pero, a cambio, comenzó a escribir las primeras líneas de código de lo que luego se convertiría en Dropbox, el ícono de la industria de almacenamiento en la "nube".

Una pérdida, una necesidad insatisfecha, la escasez, el retraso tecnológico, en definitiva, los límites al crecimiento o los fracasos pueden convertirse en los más eficaces disparadores de la innovación.

Dos fases diferenciadas pero complementarias distinguen todo proceso innovador: el cuestionamiento y la iniciativa.

El primero no implica caer en aquel mito que afirma que el cambio sólo surge como necesidad de corrección de un estado de cosas desfavorable. El cuestionamiento apunta a anteponer el signo de interrogación a la recurrente frase: "Es el modo en que siempre se ha hecho".

Por su parte, la iniciativa fluye en forma proporcional al estímulo a la participación, al clima propicio, a la posibilidad de aceptación de nuevos paradigmas y, como señala Osterwalder, a la apuesta al fracaso.

En suma, al momento de situarnos a observar la realidad desde una postura distinta, tengamos presente a Peter Senge cuando afirma: "Los problemas de hoy derivan de la soluciones de ayer".